En casi todos los casos, uno de los objetivos principales al comenzar a ejercitarnos es desaparecer esas molestas llantitas. ¿Sabes cuál es la mejor manera de hacerlo para lograrlo?
Definitivamente no se trata de sudar hasta deshidratarnos o jadear mientras realizamos el ejercicio para que mágicamente se vayan los gorditos. Según los expertos el truco está en el número de veces que el corazón bombea la sangre al cuerpo por minuto, esto se conoce como frecuencia cardiaca.
¿Cómo se mide? En la muñeca, presionando suavemente bajo el dedo gordo con los dedos índices, medio y anular; cuenta el número de pulsaciones por minuto.
Si vas a un gimnasio, consulta con el entrenador tu frecuencia cardiaca máxima (FCM) y trabaja entre el 60 y 80% para lograr una quema de grasa real.
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