En la estructura familiar, cada integrante tiene un lugar especial. En el caso de los padres es notorio su rol de autoridad y guía pero, en el caso de los hijos, puede existir confusión con respecto a la importancia y valor de cada uno.
Hay recomendaciones básicas para que exista una mejor relación entre hermanos como:
• Percibir a cada uno como individuo; es decir, con características específicas, diferentes y valiosas.
• Consolidar una relación familiar en donde la interacción sea compartida y no exista preferencia hacia alguno, sea por edad o afinidad de intereses.
• Fortalecer la relación de complicidad entre los pequeños y canalizarla hacia la percepción de equipo, no de competencia.
Sin embargo, es evidente que los conflictos surgirán y es importante saber qué hacer en esos casos. Te compartimos una fórmula infalible.
Prevenir: establece acuerdos previos en asuntos que de ante mano sabes que pueden generar algún desacuerdo, por ejemplo, qué programa de televisión ver.
Intervenir: lo mejor es dejar que ellos aprendan a resolver sus diferencias. La intervención de los padres debe ser como mediadores y en favor del diálogo. Con una postura firme y empática, en caso de ser necesario, recurre a una sanción.
Reflexionar: habla con tus hijos sobre el conflicto, escucha ambas versiones y juntos establezcan soluciones efectivas.
Una relación sana entre hermanos es fundamental para el proceso de madurez de los niños, así como en su desarrollo como seres sociales. Ayúdalos a que aprendan a compartir, solucionar diferencias y ver en sus hermanos y en el resto de su familia, compañeros incondicionales.
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